Revisitando la Quinta Monroy

La Quinta Monroy, uno de los proyectos que puso al arquitecto chileno Alejandro Aravena como abanderado de la vivienda social, ha sucumbido al caos, la informalidad, la autoconstrucción desordenada, y el conflicto social. Algunas reflexiones sobre esto:

‘Elemental’, la oficina de Aravena, resolvió el pedido del gobierno chileno de reubicar a 100 familias que habían invadido ilegalmente un terreno en el centro de Iquique con ‘nobles ambiciones’ pero nunca se entendió el proceso social del contexto. Este divorcio entre arquitecto y realidad responde, por un lado, a la sumisión al mercado y al encargo político de turno —la reubicación de familias no solo conlleva el interés político subyacente sino está sujeto a las dinámicas del mercado traducido en subsidios, densidad, uso y costo del suelo— y por otro lado, a que ‘Elemental’ no ha tenido las herramientas para entender de manera concreta, menos para pronosticar, los procesos sociales en el que se desenvolverá el usuario de sus casas, lo cual constituye el verdadero cuello de botella arquitectónico.

Aravena y su equipo cumplieron con el programa encargado, elaboraron módulos que permitirían crecer duplicando sus tamaños pero pensando en conjunto, como un gran edificio que albergara patios interiores comunes. ‘Elemental’ no estaba descubriendo la pólvora pero sí aprovechó el romanticismo alrededor de la vivienda social para elaborar una narrativa de ayuda social, de control de la informalidad y de superación de la pobreza, elementos discursivos del mismo sistema económico liberal internacional de inicios de los 90, que se afianzaría a inicios del 2000. De ahí, Aravena construiría el reconocimiento necesario que lo llevaría al Pritzker que destacaría su «capacidad de ampliar el campo de acción del arquitecto para concretar soluciones que permitan mejorar los entornos urbanos y hacer frente a la crisis mundial de vivienda.»

¿Qué pasó, entonces?¿ En qué se equivocó el arquitecto? En nada. Aravena realizó a la perfección su trabajo, dentro de las fronteras que el mercado y la disciplina le permitieron. El concepto de ‘starchitect’ es una construcción político-económica del mercado de la arquitectura, cuya esencia radica en la deshumanización y mercantilización de la disciplina misma, en ese sentido Aravena explotó los recursos que tenía a la mano, es una mercancía más: supo vender su trabajo, hablando de mejora urbana, plusvalía y pobreza. Por otro lado, esperamos mucho de la arquitectura que, sometido al mito académico del arquitecto demiurgo, pretende ser la panacea de los dilemas y conflictos políticos, sociales y económicos cuando su influencia a penas excede la interpretación estética de la realidad. La arquitectura como medio no entiende los conflictos sociales porque ni siquiera lo intenta si no es desde el romanticismo y la caricatura, pero no importa, porque finalmente así es el negocio: la ciudad crece, el proyecto se cobra y los premios se otorgan.

Referencia:
https://www.architectural-review.com/buildings/housing/revisit-quinta-monroy-by-elemental?tkn=1&fbclid=IwAR0AZT8UQ1SIfXRYbtK7Fmi_KBEFUOLAgmlYfgd1_KLmEWOWiA4j-s9W6yg


Autor | David Gutierrez | Arquitecto

fb/davidgutierrezalfaro/

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