Plagio y ostracismo

Con relación al cargamontón que acabo de ver que se le hace a una estudiante de arquitectura por haber ‘plagiado’ la fachada de un edificio de la firma Diller Scofidio para su trabajo de Taller me gustaría abordar el tema desde un enfoque que vaya más allá del mero juicio estético y el destierro mediático.

Desde hace ya algunas buenas décadas la arquitectura se ha convertido en un catálogo de imágenes y competencia visual donde la función o su relación con el sujeto han sido apartados para satisfacer el deleite del ojo y la reacción emocional superficial. Pallasma denunciaba un ocularcentrismo en ‘Los ojos de la piel’ y reclamaba el retorno de los demás sentidos al quehacer arquitectónico, Zumthor nos decía lo mismo en su ‘Pensar la Arquitectura’. Ambos claramente influenciados por Debord, quien por los años 60s anunciaba una sociedad del espectáculo compuesta por relaciones sociales mediatizadas por imágenes que eclosionan y adornan superficialmente el mundo real que al final terminan suplantándolo en su totalidad. Que ahora mantengamos una conexión directa con la imagen es producto del avance tecnológico que vivimos. Obviando las posturas morales individuales y los llamados a la nostalgia o al entusiasmo por el pasado, el tiempo que nos ha tocado vivir simplemente es.

En esta vorágine de información en la que nos encontramos pululando a todas horas confrontamos esa ilusión de la inspiración y creatividad exclusiva o inédita. ‘Everything is a remix’ reza el título de un documental de Ferguson donde a través de ejemplos musicales, fílmicos o tecnológicos de la cultura pop logra establecer conexiones entre contenidos deconstruyéndolos y reafirmando que todo ya fue inventado y lo único que nos toca es ir creando nuestros propios frankensteins tomando prestados el material de otros, es decir, haciendo nuestros propios remixes. Newton describiría esto mejor en una carta a su amigo Hooke: ‘Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes.’

¿Significa esto que murió la originalidad? Puede ser. La 5ta regla de oro de del cineasta contemporáneo Jim Jarmusch dice que la originalidad no existe, que la creatividad consiste en devorar todo lo que nos llegue y en aprender a ‘robar cosas’ que permiten nuestra propia autenticidad. Jarmusch no sólo resume una cita de su colega Jean Luc Godard -‘No se trata de dónde sacas las cosas, se trata de dónde las llevas’- sino que es un claro ejemplo de la destrucción del discurso del siglo pasado que permite la intención de los nuevos tiempos (esos tiempos nuevos que Venturi sentenció como ‘complejos e incoherentes’) donde ahora la obra se escapa de la mente del autor y pasa a descansar sobre el aporte de muchos de forma abierta. Por ello no es casual que en el campo de la arquitectura veamos un remix plano y uniforme de códigos visuales que en el fondo no hacen más que confirmar este derrotero del lenguaje único. Por ello una obra de Rojkind puede compartir elementos de una obra de Herzog o SAKO. En este murmullo de imágenes, la arquitectura pierde su papel protagónico de potenciar las relaciones entre individuos para convertirse en un caleidoscopio de formas renderizadas nítidas de cielos azules y noches despejadas cada una más espectacular que la otra. A muy pocos les interesa conocer las relaciones funcionales que el edificio contiene o los aportes estructurales y tecnológicos que presente sino que, al igual que en un certamen de belleza, basta que desfilen con buena pinta y sean atractivos al ojo.

Ahora, en este escenario de sombras platónicas, ¿qué está ocurriendo en la enseñanza? ¿Qué sucede en los talleres de diseño de las facultades? Pues lo mismo. Los talleres son hijos dignos de este sistema posmoderno de exaltación de la forma y el color. No me sorprende que aún se sigan realizando ejercicios de diseño tomando como referente la pintura de los suprematistas y cubistas de inicios del siglo pasado. Aún observo la promoción de la forma y el fomento de la espectacularidad. Claro ejemplo de esto son las miles de fotos en distintos ángulos que los docentes cuelgan de las maquetas de sus estudiantes en una mezcla de orgullo y alarde resaltando la especulación y el dominio de la forma de sus aprendices. Esto tiene una explicación en el efecto Bilbao y el relato de la obra mesiánica que con su sola belleza salva toda una ciudad. Los talleres se han vuelto laboratorios de escultura y las entregas sesiones de fotos para colgar en Instagram donde poco o nada importan que se conozca la intención del taller o el conocimiento adquirido por el estudiante más allá de las habilidades escultóricas o técnica de maqueteo. Todo esto y sin entrar en detalles, promoviendo el negocio de realización de maquetas y proyectos que ha eclosionado como solución frente a la absurda sobrecarga de trabajos y al pobre desempeño de estudiantes y docentes. Es acá en donde radica el problema academico que sólo es un reflejo de esta banalidad dejando de lado la formación científica e investigativa que, en este caso, la universidad debiera perseguir.

Es en este contexto en particular donde una estudiante tiene la ‘mala suerte’ de que su trabajo sea exhibido y acusado de ser un plagio exacto del Centro Educacional Roy y Diana Vagelos de la pareja de arquitectos Diller y Scofidia. Observo la postura de los acusadores y me pregunto, ¿consideran ellos que este es el único plagio en la historia de los talleres de esa universidad? Y si no, ¿cuántos han detectado? ¿Saben que existen pero este en particular es el más descarado de todos? Vamos más allá: ¿Qué es lo que les fastidia en el fondo? ¿El robo de ideas? ¿La justificación forzada de una alumna en aprietos? ¿El cinismo de la autora? Muchas formas de verlo y poco espacio para entenderlo.

En este mundillo de la formación de la arquitectura existen las famosas referencias desde siempre. En las épocas sin internet, muchos robábamos ideas de las Arkinkas, pero claro, la consigna era ‘no hacerla igual a la foto’, entonces, desde nuestra subjetividad, lo llamábamos: ‘inspiración’. Los rangos entre copia pequeña y copia descarada quedaba supeditada al simple capricho acompañado del anhelo de no ser detectado. Bueno o malo, justo o injusto, ético o antiético, los trabajos seguían calificándose y obteniendo notas y los estudiantes seguían graduándose igual. ¿Qué es lo que falla entonces? -sin detenernos a discutir sobre las diferencias filosóficas o legales entre plagio e inspiración que daría para varios escritos más- yo creo que este tema no pasa de ser una anécdota más en el registro de maquetas presentadas por alumnos desde siempre y lamentablemente una excusa tonta para un bullying insustancial. ‘Everything is a remix’ pero seguimos esperando que los estudiantes inventen la pólvora.

Ahora, que lo considere anecdótico no significa que pretenda desarrollar una apología a la copia ni la justificación de un plagio (los inconvenientes éticos dependerán de las normas de cada universidad y/o taller o en el mejor de los casos, será la misma estudiante -más allá de sus justificaciones forzadas- la que tendrá que resolverlo y aprender la lección) pero en lo que nunca estaré de acuerdo es en este linchamiento direccionado que se pretende hacer desde la superficialidad sin prestar atención a las estructuras de este sistema educativo que permiten que se presenten trabajos copiados o mandados a hacer sin ningún reparo apelando a una autorregulación ética individual fuera de la responsabilidad de toda una institución. Mallas curriculares obsoletas apoyadas sólo en buenas intenciones, muchos docentes desactualizados y pocos calificados y alumnos con sobrecarga de trabajos que simplemente aprovechan las falencias y atajos de este sistema. Si seguimos considerando la obra como el producto de un sólo autor, estamos viendo el cuadro incompleto. Buscando culpables mediáticos dónde descargar un poco de falsa moralina y escandalete y permitiendo que una estudiante en formación acusada de plagio se convierta en el chivo expiatorio o la punta del iceberg de todo un proceso que está defectuoso desde sus cimientos y que al parecer ninguno de los acusadores se ha detenido a mirar.


Foto: Institute of Aboriginal Studies, Canberra. Australia. (The Black Villa Savoye).

‘Everything is a remix’: https://www.youtube.com/watch?v=fLhIovovPm4


Autor | David Gutierrez | Arquitecto
Post publicado 11/08/2019

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