¿Muerte de la Arquitectura?

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¿Ha muerto realmente la arquitectura? Yo soy de los que creen que sí, o sea, creo firmemente que la arquitectura ha muerto, sí, pero no en el mismo sentido que comparte aquí el autor, porque lo que ha muerto para él no es ‘la arquitectura’ en sí, sino la construcción imaginaria o ideal personal que él tiene sobre la arquitectura. Una arquitectura que él mismo ha valorado como ‘prestigiosa’ o ‘verdadera’ y que ahora, nos advierte, ha sucumbido frente a las exigencias del mercado y el clientelismo. Bajo esta preocupación nos habla de la derrota de los arquitectos frente a la mercantilización del oficio y el abandono de sus valores vitruvianos más preciados.

El autor nos expone esta ‘muerte de la arquitectura’ en clara referencia al aforismo nietzscheano ‘Dios ha muerto’ pero dejando de lado el sentido filosófico metafórico que conlleva. El artículo nos presenta esta muerte más como un reclamo nostálgico, un llamado de atención frente al avance de un mercado servilista e inhumano que está destruyendo los cimientos de una arquitectura tradicional que se asume como ‘real’ y que ahora no lo es más, sin considerar que la arquitectura es un cúmulo de conocimientos y experiencias humanas y que su nacimiento —o muerte— van más allá de cada idealización o romantización particular que hagamos de ella.

Al final del escrito, la arquitectura no solo ha muerto para el autor sino que fuimos nosotros, los arquitectos, los que la hemos matado; por lo que termina sugiriéndonos un tipo de redención, una esperanza: que también poseemos la capacidad de revivirla, y que no solo debemos emplear esta ‘oportunidad’ para hacerlo sino que debe ser nuestra ‘obligación’ devolverle a la arquitectura el lugar de ‘prestigio’ que el autor considera debe estar. Hay una jerarquía y hasta un guiño de soberbia cuando termina diciendo que ‘no debemos darle a la gente lo que quiere sino lo que necesita’.

Yo, por otro lado, prefiero descansar sobre el concepto de la muerte hegeliana: la arquitectura no ha muerto por el hecho de considerar que hubo un tiempo en que se hacía ‘mejor arquitectura’ sino porque los principios (el espíritu) que originaron nuestra concepción de la arquitectura hoy han desaparecido. El mundo contemporáneo no admite las mismas formas, razonamientos ni ideales del pasado. Desde un sentido nietzscheano, la muerte de la arquitectura se referiría a la destrucción de los cimientos ideológicos del pasado que la han soportado hasta antes de la aparición de la modernidad, por lo que sin ella, ahora estaríamos emancipados del dogma, en rechazo mismo de los valores absolutos y finalmente en camino hacia una comprensión más exacta de la realidad presente. La muerte de la arquitectura, de esta forma, se convierte en una liberación, por lo que no habría razón para revivirla.

 

Link del artículo en mención:

La arquitectura ha muerto


Autor | David Gutierrez | Arquitecto

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