Sobreexposición de la Arquitectura

00054

Desde hace algunos años podemos visualizar más imágenes en un día que cualquier persona del siglo XIX o XX durante toda su vida. Y es que el internet nos ha brindado la facilidad de tener millones de imágenes de proyectos arquitectónicos completos a la mano, imágenes que empleamos para nutrirnos y que van moldeando nuestra forma de concebir la arquitectura actualmente. Hemos dejado de conceptualizar el espacio como la dimensión o el lugar donde los eventos ocurren sino como un justificador para la especulación formal atribuyéndole así a la arquitectura un único valor estético visual, o sea, nos es suficiente la representación gráfica de la arquitectura para valorarla y apreciarla, para admirarla y disfrutarla. Por otro lado, la sobreexposición de imágenes no solo reconfigura nuestra forma de pensar la arquitectura (reemplazo de espacio por forma) sino que en paralelo nos empalagamos de ella, quitándonos así la posibilidad de cultivar la contemplación y el sentido crítico frente a las obras arquitectónicas que ahora nos llegan en forma de un tsunami de formas y colores. Simplemente aceptamos lo que vemos (o no vemos) y nos dejamos arrastrar por este confuso y persistente caleidoscopio digital.

Si el mundo se ha convertido en una máquina imparable de imágenes, y cada imagen corresponde a una propuesta arquitectónica ¿podríamos calcular cuántos proyectos se realizan al día en el mundo? Miles tal vez. ¿Al año? Millones. Entonces, en un mundo con millones de personas buscando soluciones ¿por qué no pensar en el fin de la originalidad? ¿podríamos decir que todo ha sido diseñado ya? Los defensores de la creatividad eterna me dirán que no. Que siempre surgirán problemas nuevos que necesitarán nuevas soluciones. Yo por el contrario pienso que sí. Que todo ya ha sido proyectado, que las tipologías han sido ya resueltas y que no hay nada que aportar desde la visión exclusiva de la arquitectura tradicional. El fotógrafo Foncuberta, por ejemplo, alega que todo ha sido ya fotografiado, que las nuevas tecnologías y la ubicuidad de los medios nos han sobrecargado tanto de imágenes que estas han perdido sus valores históricos y de registro del pasado, y que desde una perspectiva sociológica y cultural ya no podemos calificarlas como ‘fotografía’; entonces ¿qué nos queda? Algo nuevo que aún no se define, él lo llama ‘postfotografía’, un limbo en el campo del arte y la técnica donde lo efímero sobrepasa lo permanente. ¿Podría estar la arquitectura siguiendo el mismo camino?

Cuando Hegel se refirió a la muerte del arte no se refirió a la muerte del oficio o la creación, sino a la muerte del espíritu del ser humano que creó aquello llamado ‘arte’ antes de la revolución industrial. El filósofo hablaba de la muerte de los ideales del hombre premoderno. Todo lo creado después de la invención de la máquina carecería de significado y habría perdido la categoría de ‘arte’. En este sentido, ¿el espíritu que concibió esta arquitectura del espacio que conocemos, seguirá vigente? La arquitectura es una expresión de su tiempo y por ello es normal que nos preguntemos si, en un mundo masificado y homogeneizado, de información libre e infinita, aún hay lugar para sus atributos más básicos: la originalidad, la autoría o la mirada única. Tal vez es tiempo –como dice el crítico Montaner– de que la arquitectura deje las maneras estáticas del siglo pasado y asimile los valores de estos tiempos: la cooperación, la intersubjetividad y la interdisciplinariedad profundizando así en los saberes y las relaciones. Al igual que Foncuberta, ¿podríamos llamar ‘postarquitectura’ a esta nueva forma concepción de la disciplina? No lo sé, y tampoco creo que sea importante asignarle un nombre.

En su ‘Sociedad del Cansancio’, Byung-Chul Han describe un mundo contemporáneo de sobreabundancia de ‘lo idéntico’, la sobreexposición de ‘lo igual’ traducido a lo que él llama un exceso de positivismo, que contrario a lo negativo que uno puede rechazar, este positivismo extremo es difícil de identificar por lo que se expresa en depresión o como él dice ‘el colapso del yo’. Puede ser que la saturación de imágenes arquitectónicas nos exponga a algo similar. Hemos perdido la capacidad de identificar lo funcional, de deducir lo necesario, de entender la raíz de los problemas y nos hemos empachado de la superficialidad de la estética que nos va empujando a la inutilidad y el sinsentido. Si el regreso a las concepciones del pasado no constituye una alternativa coherente creo que lo único que nos queda es el camino de la comprensión de las complejidades del presente para elaborar una nueva forma de concebir la arquitectura no desde la invención o autoría sino desde la contribución y la colaboración.


Autor | David Gutierrez | Arquitecto

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: