El Dilema del Taller de Diseño Tradicional

00012

La dinámica del Taller de Diseño tradicional es simple: se plantea una premisa proyectual (vivienda, multifamiliar, albergue, hospital, centro comercial, etc) y se divide el curso en dos etapas: investigativa y proyectual. En la investigativa se desarrolla la programación arquitectónica: lectura rápida del contexto inmediato, antropometría y análisis de casos (método clásico a lo Edward White o Martínez Zárate) y en la proyectual se divide en ejercicios de conceptualización que servirán para el desarrollo del anteproyecto y proyecto final e instalaciones. Este método tradicional tiene por finalidad ser un simulacro de lo que el futuro profesional encontrará en la realidad. Y es justo en esto donde discrepo.

La estructura pedagógica del Taller de Diseño, considerado ‘eje vertebral’ de la formación del arquitecto, no ha sufrido cambios desde hace décadas. Podemos comparar el silabo de un Taller de los años 90s y otro del 2020 y veremos que, detalles más detalles menos, se mantienen en esencia igual. Los docentes que me enseñaron lo estudiaron así y ahora mis compañeros de facultad que son docentes lo siguen enseñando así. Lo único ‘distinto’ descansaría en los medios empleados: la regla ha sido reemplazada por el CAD, los planos dibujados ahora son ploteados, los apuntes son renderizados y las maquetas se cortan a láser pero todo esto no representa ningún cambio sustancial en la estructura de fondo. Este ‘adaptarse a la modernidad’ por parte del método tradicional es ilusoria y por ello engañosa. Lo que ha hecho es fundirse en la superficialidad y ha instrumentalizado la carrera que ahora justifica su existencia en las habilidades con el Revit y es condicionada por el poder adquisitivo del estudiante y la potencia de la tarjeta de video de su laptop, lo cual es un absurdo, tanto como si la carrera de derecho dependiese de un costoso terno y una buena corbata.

Y es que el gran problema del método tradicional es que su pedagogía descansa sobre la idealización de la realidad y no sobre la realidad misma. Parte del proyecto espontáneo como premisa para el análisis posterior. El programa arquitectónico -parte investigativa- solo explica el ‘qué’ del proyecto pero no el ‘por qué’ dejando al objeto arquitectónico huérfano de propósito o intención. La investigación proyectual del Taller nos orienta para la distribución de los ambientes de un hospital o museo pero no puede explicar por qué necesitamos un hospital o un museo en ese específico lugar. La esencia pedagógica misma del Taller lo imposibilita para realizar un análisis de viabilidad o factibilidad multidisciplinar reflexivo que vaya más allá de la simplificación contextual, la retórica o la justificación forzada.

Si la génesis de los ejercicios del Taller finalmente surgen del capricho del docente o la malla, la conexión de la arquitectura con la complejidad de la realidad es casi nula; la visión del arquitecto queda atrapada en los estrechos parámetros del proyecto final. Por ello, a la hora de proponer soluciones para la comunidad, el arquitecto, ignorando la vorágine de factores que convergen hacia la necesidad y nacimiento de un proyecto, atina solo a lanzar soluciones individualistas netamente físico-espaciales. Para el problema de los ambulantes propondrá un centro comercial para reubicarlos y para el problema de tugurización de un mercado propondrá la construcción de dos pisos más estacionamiento subterráneo. No parten de la realidad para la elaboración de la solución sino al revés, desde la proyección o la ficción buscan moldear la realidad; por ello el afán y necesidad de fantasear sobre cómo serán las ciudades post pandemia para traducirlo en espacios. Y es que de esto se trata la esencia de su Taller sujeto aún a las consideraciones e ideales modernistas del siglo pasado.

La enseñanza de la arquitectura ha perdido seriedad y pulula en el limbo del anacronismo desde que su estructura pedagógica se ha anclado a los caprichos del mercantilismo y la mediocridad y conformismo de sus protagonistas. Mientras el Taller de Diseño siga siendo el ‘eje vertebral’ de la carrera y no se cuestionen sus formas seguiremos elaborando respuestas desde la ficción o el discurso. Tal vez sea tiempo de bajar los lápices, dejar de concentrarnos tanto en el hacer del plano y la maqueta -burdos requerimientos técnicos del mercado- y prestar mayor atención a los caminos del pensar que nos aterricen y acerquen a un mejor entendimiento de las complejidades y fenómenos de nuestra realidad.


Autor: David Gutierrez | Arquitecto

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: