La reconstrucción de Notre Dame

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El senado francés acaba de dictaminar que Notre Dame se reconstruya exactamente como estaba dando por culminado el debate que abrió Macron cuando sugirió «una reconstrucción ingeniosa» hace unas semanas y de paso cortar con las propuestas de intervención que se dispararon entre las oficinas de arquitectos por todo el mundo. Propuestas que al parecer no pasarán de haber sido un efímero ejercicio de diseño especulativo.

El camino que el senado ha tomado apoyado por la mayoría de la población francesa será la reconstrucción al pie de la letra de la aguja que el arquitecto historicista Viollet-le-Duc propuso en el diecinueve y cuyos planos al detalle sobran. Esa misma aguja que fue hecha al estilo de la época y que tuvo detractores en su momento porque atentaba contra la magnificencia de la edificación gótica existente y porque entre las estatuas de los apóstoles que cuidarían la iglesia desde arriba todos se encontraban mirando hacia Paris excepto uno que estaba volteado concentrado en la majestuosa y flamante aguja: Santo Tomás, patrono de los arquitectos, que para sorpresa de los parisinos, compartía los mismos rasgos que el arquitecto restaurador.

Bueno, por un lado me hubiese gustado ver una Notre Dame como depositaria de un nuevo legado arquitectónico. De una nueva era. Verla despertar en un tiempo nuevo reconstruida disfrutando de un exoesqueleto biónico que le permita soportar un nuevo mundo con nuevos habitantes. Exuberante de modernidad y adaptada a los nuevos tiempos. Ver en sus cielos esa seductora y peculiar unión entre antigüedad y contemporaneidad. He visto propuestas de intervención que me parecen fascinantes y muy hermosas, que juegan con la fantasía, la ilusión, el deseo y la esperanza, con la alegoría y hasta la sátira y la comicidad pero todas carecen de algo que me parece elemental: sinceridad. Creo que por ello, acompañando al entusiasmo de lo novedoso, también veo much oportunismo y excentricidad.

Tampoco es que me mueva la intervención conservadora, el capricho historicista me parece insulso y banal, más aún la duplicación. Por ello no estoy de acuerdo con el senado francés. Pero por más que me seduzca la intervención arriesgada y fresca creo que tampoco es la solución. Si tuviera que elegir qué hacer, creo que en este caso en particular dejaría que Notre Dame luzca su cicatriz con dignidad. Una intervención menor que permita que la edificación refleje el paso del tiempo, la equivocación humana y nos recuerde la fragilidad de este mundo, como la Venus de Milo sin brazos, la Esfinge sin nariz o la torre de Pisa a punto de desplomarse.

En fin, el tema es complicado porque convergen distintas formas de entender la historia, el mundo y sus procesos junto a una amalgama de sentimientos que luchan por aflorar, el patriotismo y la religiosidad. Todo esto sumado a esa inherente tendencia que tenemos hacia la nostalgia que nos hace desear la existencia de una máquina del tiempo que nos devuelva a ese pasado que siempre consideramos mejor. Por eso muchos estarán de acuerdo con el senado francés de que se restaure tal cual, que parezca que el incendio nunca ocurrió, que muestre que podemos superar la tragedia y el dolor, aplacar el tormento y así, seguir creyendo en la esperanza y aspirar a la eternidad.

Link noticia: https://aleteia.org/2019/05/29/french-senate-votes-to-rebuild-notre-dame-exactly-as-it-was/


Autor | David Gutierrez | Arquitecto

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