Sobre el ‘Estilo Minimalista’

Siempre he sentido que este ‘estilo minimalista’ de la arquitectura contemporánea, impulsada en facultades y exigida por clientes como símbolo de modernidad, se ha convertido en los últimos años en una propuesta hueca y banal. Una respuesta muy floja adoptada por los arquitectos en formación como símbolo de belleza, sencillez y simplicidad -less is more- y aplaudida y promovida por docentes y revistas de arquitectura. Últimamente lo percibo como un movimiento decorativista sin mayor función que el efectismo y la impresión. La arquitectura de una sociedad tan embobada con la imagen y la información que ha pasado a ser explicada sólo bajo los términos de la percepción visual donde la exaltación de la forma y el cascarón nunca antes había sido tan aceptada como ahora.

Esta pegada minimalista que veo difundirse en los dossiers de arquitectura y tan manoseado por estudiantes es la continuación del legado modernista de Le Corbusier o Mies Van der Rohe mezclado con el incipiente arte pop hace más de 50 años. Una arquitectura industrial (y abandonada) entregada a la exhibición del arte donde el espacio amplio y transparente constituyó el taller de artistas como Warhol o Lichtenstein y los blancos y limpios muros sirvieron de lienzo para la exhibición de las cajas Brillo o latas Campbell. Donde el efecto escenográfico silencioso en beneficio del objeto fue lo primordial. Una tipología de talleres, salas y galerías que escapó de las exigencias del museo para ser replicada en viviendas y casas de playa. Una arquitectura minimalista que surgió como respuesta (necesidad) a un contexto específico y que ahora parece estar sólo sujeta al gusto y capricho del cliente antojadizo y el diseñador de revista.

No sé, supongo que este nuevo minimalismo es lo más fácil de replicar ahora. Y claro, qué más podemos esperar si seguimos utilizando el suprematismo y constructivismo ruso o las pinturas abstractas de Kandinsky para la creación de formas arquitectónicas obteniendo los mismos resultados vacíos y superficiales de siempre. El tonto ejercicio de pasar de la pintura al espacio es una ilusión que debemos ya descartar. Sería más interesante especular con nuevos métodos de conceptualización y creación en las facultades que vayan más allá del ejercicio formal basado en metáforas o explicaciones filosóficas posmodernas. Algo que las escuelas de arquitectura deberían promover para realmente generar cambios en el campo.

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Autor | David Gutierrez | Arquitecto

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