¿Qué Ciudad Nos Queda?

               Cuando llegué a Trujillo hace más de 20 años podía pichanguear en las calles del Centro Histórico. Las tiendas cerraban a la hora de almuerzo y no pasaba ni un carro desde el mediodía hasta las cuatro o cinco de la tarde. Tiempo suficiente para poner unos ladrillos en la pista y jugar. Pude disfrutar de este privilegio en Surco durante mi niñez y luego en Trujillo durante el primer año de la universidad. Hoy esto es imposible por una sencilla razón que va más allá de la distracción de los videjuegos, tablets o smartphones: ahora el número y tránsito de automóviles es enorme y constante. A todas horas, todos los días. 

             Nuestro centro histórico es producto de la trama colonial centrada en torno a una Plaza Central y zonificada alrededor de sus iglesias con un fuerte predominio de los espacios interiores (zaguanes y patios) con poquísimos espacios públicos más allá del atrio clerical. Lo que nos lleva a considerar que cada calle o jirón del Centro debería constituir nuestro espacio público pero ¿qué nos queda si este ha sido tomado por el automóvil? Ahora que las veredas son estrechas y los pocos espacios libres de edificaciones se encuentran enrejados, el espacio público de nuestro Centro Histórico se ha deteriorado afectando considerablemente la vida en comunidad y la sociabilidad de los usuarios. Sin nuestras calles hemos perdido, lamentablemente, el derecho que tenemos todos a la vida pública.

           Pichanguear en la calle era una de las tantas actividades que uno hacía de niño, juegos como lingo, chapadas, inmóvil, policías y ladrones, escondidas o mundo se realizaban en la puerta de la casa frente a los vecinos. Yo no creo que ahora los niños jueguen menos. Lo que hay son menos espacios para jugar, que es diferente. En una ciudad que ha sido tomada por los automóviles no me sorprende que se prefiera la cómoda tablet en la tranquilidad y seguridad del sillón del hogar. El espacio público le pertenece al conductor quien ha apartado a los que no manejan (o aún no lo hacen) en su mayoría mujeres, niños y ancianos. La ciudad está planificada para el hombre moderno. Para que se movilice entre su trabajo y hogar de manera rápida y fluida. Nuestras ciudades postindustriales nos han fragmentado. Una ciudad sin niños jugando en sus calles no es producto del videojuego o Internet sino de la ausencia y usurpación del espacio público.


Autor: David Gutierrez | Arquitecto

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