La Inutilidad de la Berma Central

      Hace unos días tomé esta fotografía de la berma central de la Av. Prolong. Vallejo frente al Centro Comercial Real Plaza y ayer confirmé que se trata de coberturas para unas bancas de concreto que ahora que se suman a la vereda y ciclovía existentes.

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      Para empezar, la berma central de la Av. Prolong. Vallejo -así como la de las avenidas Fátima o Húsares- constituye un espacio residual entre carriles. No puede ser considerada espacio público y ni siquiera de circulación peatonal frecuente porque no funciona como tal. Colocar mobiliario en esta zona es por gusto. Las personas sólo utilizan estas bermas como cruce hacia el otro lado o para reunirse a tomar frente a alguna bodega como sucede en la Av. Costa Rica o frente a los bares cerca al ICPNA en Húsares. Pensar que se empleará este espacio como lugar de interacción social, descanso o esparcimiento es absurdo. Esta intención de convertirlo en alameda o boulevard es forzada y caprichosa.

 

      La berma central tiene un problema obvio que evita que se desarrollen estas actividades sociales: el automóvil y todo lo que este conlleva, el tráfico, el smog, la bulla y el peligro de cualquier accidente. Ni siquiera la avenida más ancha del mundo -la 9 de Julio en Buenos Aires- cuenta con una berma central destinada a espacio público. El espacio es aprovechado para corredores viales y paraderos de transporte público. Sus recorridos peatonales los tiene en los laterales y bastante separados de los autos por árboles y jardines y pegado a las auxiliares que son más angostas y menos circuladas.

      ¿Significa esto que no se puede aprovechar en ningún caso? Se puede pero necesita tener una finalidad que aporte con la convivencia y promueva la colectividad en la ciudad. La Calzada de Guadalupe en México tiene en su berma central un corredor público peatonal elevado protegido por jardineras y con un ancho cómodo para caminar y bicicletear. Arranca desde Reforma (la avenida más importante del DF) y culmina en el atrio -espacio amplio y abierto- de la Basílica de la Virgen de Guadalupe. Mucha gente convive ahí. Lo mismo sucede en Santiago de Chile con el Parque Forestal que corre al lado de Cardenal José María Caro y Costanera y va uniendo monumentos desde la Plaza Baquedano para finalizar en el Museo Nacional de Bellas Artes.

      ¿Comparación desproporcional? Creo que no, si consideramos que el concepto debe ser el mismo. Si no se tiene el espacio suficiente al centro para actividades sociales se descarta y se busca aprovechar los laterales. Una ciclovía tampoco es útil si no se cuenta con un circuito o recorrido bien estructurados. La Av. Arequipa en Lima cuenta con una de casi 7km que conecta (con algunas interrupciones) Miraflores con El Parque de la Exposición. Sucede lo contrario con la que acaban de proyectar acá en la Av. Prolong. Vallejo de 1.5km que comienza en el semáforo de Fátima y termina en la pared de «Gringlish». No se configura ningún recorrido porque no nos conecta con nada. Es inútil.

      Entonces, ¿por qué se insiste en forzar características de uso social a estos espacios sobrantes de nuestras avenidas? ¿Por qué le ponemos bancas a espacios como el Óvalo Larco si sabemos que nadie va a utilizarlas? Si fuera sano diría que es por desinformación, ignorancia o necedad pero como no lo soy me voy por el lado de las jugosas partidas de concreto y promoción personal. Y así no se hace ciudad.


Autor:  David Gutierrez | Arquitecto

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