Más allá de la Forma

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      En un capítulo de los Simpsons, Marge envía una carta al arquitecto Frank Gehry para que diseñe un salón de conciertos para Springfield. Gehry lee la carta, la arruga y la tira al piso. Al mirar la forma en que queda el papel en la vereda tiene una inspiración y lo convierte en la nueva propuesta para el edificio solicitado.

      Si los arquitectos clásicos pregonaban la racionalidad del espacio y la forma como respuesta al uso y la función, durante la posmodernidad promovieron la exaltación de la forma y el detalle decorativo (decía el arquitecto alemán Hans Poelzig: «Lo que a mi me importa es la forma y sólo la forma»). En la universidad llevamos cursos de forma y composición y en su mayoría se daban a través de la metáfora y la abstracción porque asumimos que la obra de arquitectura puede aflorar como por arte de magia desde la inspiración, la revelación del subconsciente o la creatividad espontánea. Por ello, muchos estudiantes quedan anclados en este mundo donde la belleza es calificada bajo los parámetros de la subjetividad y la relatividad. Sin guías o principios creativos sólidos, las prácticas de conceptualización se vuelven difusas y muchas veces frívolas y superficiales. Teniendo en cuenta esto, ¿existe un método teórico, científico y objetivo de formalización? ¿Se puede razonar la creación formal? La forma, finalmente, ¿es causa o efecto?

       Considero que las (eternas) discusiones filosóficas dualistas (forma-función, barroco-clásico, racionalismo-organicismo, etc) constituyen un ejercicio de pensamiento básico que debe promoverse durante toda la etapa de formación porque permite la creación de patrones de lenguaje, guías y lineamientos importantes que finalmente se convertirán en posturas y principios para hacer arquitectura que luego se complementarán y enriquecerán con la experiencia. No podemos seguir asumiendo que la propuesta arquitectónica proviene de un chispazo de genialidad porque reducimos la experiencia arquitectónica a la individualidad y expresionismo de la obra de arte. Y así, no es más que una competencia de egos para determinar qué fachada impacta más. La arquitectura es, obviamente, más que eso.

      Antes de botar unos recortes de papel del piso decidí estrujarlos y fotografiar el resultado. Le coloqué árboles, personitas y jerarquicé un ingreso. Ahora puedo imaginar que es un museo, una capilla o un centro cultural. Logré formalidad y espacialidad pero ¿hice arquitectura?


Autor: David Gutierrez | Arquitecto

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